Al escribir esto han pasado apenas algunos días del cumpleaños de la actriz británica Lena Headey (Bermuda, 1973). Como es una actriz a la que admiro (Cercei Lannister en la serie Juego de Tronos) su aniversario me llevó a recordar algunas de sus actuaciones, y por supuesto que recordé, casi de inmediato, su papel co-protagónico en 300, película producida en el año 2006, dirigida por Zack Snyder y protagonizada por Gerard Butler (interpretando al rey espartano Leónidas) y mi ya referida crush (así dicen los jóvenes hoy) Lena Headey (en el papel de Gorgo, esposa de Leónidas). Aunque basada en un cómic de igual título, en éste se relata la Batalla de las Termópilas, desarrollada durante la segunda guerra médica, alrededor de septiembre de 480 a.n.e. La segunda guerra médica fue emprendida por el imperio Persa de Jerjes I, quien buscaba cobrarse la derrota ante los griegos en la primera guerra médica 10 años atrás.

Con un manejo escenográfico que hace de la cinta una de corte fantástico-histórico, 300 narra el heroicismo de las tropas de Esparta, quienes aliadas de Atenas resistieron la invasión persa, logrando derrotarlas nuevamente. En esa nueva victoria, la Batalla de las Termópilas tiene una importancia central, a pesar del triunfo persa.

Lo relevante de esa memorable batalla, que ha servido de material de estudio de estrategia militar por siglos, es el hecho de que un ejército de no más de 7,000 hombres logró contener durante una semana el ataque de un ejército que hoy se estima en 250,000 soldados persas (Heródoto consignaba 2 millones), apenas sufriendo algunas cuantas bajas en la defensa, pero logrando un gran número de ellas en las tropas invasoras. Si esto no hubiera sido suficientemente dramático, al conocerse la traición de un espartano que informó a los persas sobre la existencia de un paso despejado que les permitía acceder a la retaguardia espartana, Leónidas ordenó el retiro de la mayoría de sus tropas, manteniendo tan solo a los espartanos, que eran apenas 300, y alrededor de otros 1,000 soldados provenientes de otras ciudades griegas. Los persas, ya superada la ventaja estratégica del pequeño grupo griego, lograron una aplastante victoria y pudieron avanzar para tomar Atenas, aunque la posterior derrota ante los atenienses en la batalla marina de Salamina los forzó a retirarse, dejando en Atenas solo un pequeño grupo (aunque algunos autores refieren que habrían sido unos 100,000) que pronto fue derrotado por los griegos.

Si bien es altamente loable el sacrificio espartano y admirable su capacidad de resistencia, especialmente conociendo que estaban triunfando y solo la traición logró revertir el resultado, este memorable capítulo de la historia griega nos deja algunas enseñanzas que nos pueden venir muy bien ante la actual situación mundial, resultado de la pandemia por Covid-19.

La pregunta fundamental es ¿cómo un minúsculo ejército de 7,000 hombres logró detener por una semana la invasión de otro que los superaba en número en proporción 45 a 1? La defensa de las Termópilas era fundamental en la estrategia griega para contener, y derrotar, la invasión persa. Si bien las tropas de Leónidas, reforzadas por las de ciudades vecinas, tenía una marcadísima desventaja numérica, contaban con dos ventajas importantes: los griegos tenían ejércitos profesionales, muy bien entrenados y equipados y manejaban armamento y estrategias de defensa y ataque muy conocidas por sus enemigos como prácticamente infranqueables, en tanto que los persas, si bien muy numerosos, eran mayormente soldados improvisados forzados a luchar.

La otra ventaja radicaba en las características del terreno, pues el paso tenía una zona de apenas unos 20 metros de ancho. Leónidas aprovechó con maestría esos dos factores y cerca estuvo de derrotar al gigantesco enemigo (por el número de sus tropas, aunque en la película esto se simboliza adjudicando a Jerjes una estatura física muy superior al promedio) y solamente, como ya consigné, la traición de un espartano, de nombre Efialtes, permitió a los persas dar vuelta a lo que ya apuntaba a ser una humillante derrota.

Entonces, ¿qué nos puede quedar a nosotros de esta historia, además de disfrutar de la belleza de Gorgo?

La actual crisis equivocadamente asignada a la pandemia, que solo la aceleró, ha generado una cadena de cierres de empresas, cuyo último eslabón, lamentablemente, aún no está a la vista. Cada día más de ellas se declaran en quiebra o simplemente desaparecen, ante la falta de clientes y de recursos para mantener sus costos. Sin embargo, algunas empresas no solo no han sufrido igual suerte, sino que han generado utilidades como nunca. Estas empresas están acaparando mercados y cambiando, a su conveniencia, la manera de operar la economía. Pero esto no quiere decir que no podamos utilizar estrategias novedosas para mantener nuestras actividades y, eventualmente, generar un crecimiento. Lo que necesitamos es encontrar nuestro paso de las Termópilas para contener el avance de “Jerjes”, que sería para nosotros un corporativo de gran tamaño que ofrece productos o servicios similares a los nuestros. Es cierto que una empresa grande tiene mayores probabilidades de resistir la crisis, pues usualmente sus costos operativos representan un porcentaje no muy grande de sus utilidades, en tanto que una PyME prácticamente obtiene solo las utilidades suficientes para mantener su operación, pero por otra parte, los montos netos de esa operación son mucho menores que los de las grandes empresas. Si apostamos nuestras tropas en las posiciones correctas, podremos resistir mejor esta batalla. Eso significa estar dispuestos a cambiar nuestros paradigmas, nuestros métodos de operación y, eventualmente, nuestros mercados. Indudablemente deberemos construir nuevos indicadores de control de nuestras operaciones. Afortunadamente, muchas de las actividades de nuestros colaboradores pueden realizarse sin necesidad de estar en nuestras instalaciones. Esto por un lado entraña costos adicionales para ellos (electricidad, internet), pero por otro les evita costos por motivos de transporte, con los riesgos asociados en una sociedad tan lastimada por la violencia, como la nuestra y reduce sus costos de alimentación. Una adecuada comunicación puede vencer la resistencia que trabajar desde casa puede generar en primera instancia en nuestro equipo. Claro que algunas funciones tendrán que seguirse realizando en nuestras instalaciones, dependiendo de nuestra actividad, pero tal vez algunas otras, rediseñadas, también se puedan realizar de otra manera.

Te invitamos a que encuentres tus “puertas calientes” (eso significa Termópilas) y las armas que te dan una ventaja en ese terreno. Aprovecha los avances tecnológicos que te resulten adecuados para potenciarlas y construye tus nuevos indicadores (que serán los que te permitan mover a tus tropas durante la batalla). Así como Leónidas se apoyó en ciudades aliadas para la defensa, busca a tus aliados que te ayuden en la construcción de tus nuevas estrategias para aprovechar tus ventajas (consultores, programas de apoyo a empresas, etc.).

La pregunta con la que quise provocar tu lectura, amable y morboso lector, tiene en este contexto una respuesta tajante: no, el tamaño no lo es todo.

Nos seguimos leyendo.

Armando Soto
Armando Soto

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