Cada día que pasa, en los tiempos del COVID-19, muchas organizaciones se sumergen en una crisis que se ve difícil de superar. Las lecciones que nos da la vida empresarial hoy en día pueden ser de gran utilidad para subsistir en el competitivo “nuevo” mundo laboral.

Resulta muy recomendable aprender las lecciones que se extraen de las fábulas. Las fábulas al ser relatos cortos, escritos tanto en verso como en prosa, cuyos personajes principales suelen ser animales u objetos inanimados que presentan características humanas y que tengan la intención de enseñar, educar y aprender mediante una moraleja son de gran ayuda.

Busquemos en ellas el aprender: Los valores; Diferenciar las buenas prácticas de las malas; Estimular la vocación por la mejora; Fomentar la reflexión y a Estimular la creatividad e imaginación.

Matar La Vaca

Un viejo maestro quería enseñar a un joven discípulo que una vida llena de conformismo y mediocridad detiene nuestro desarrollo. Fueron a visitar el pueblo más pobre de la comarca, y dentro de él buscaron la casa más humilde. En ella malvivían el padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos. La familia contaba con una sola posesión que para ellos era muy preciada. Una vaca… una flacucha y escuálida vaca que con su escasa leche permitía a la familia sobrevivir.

Maestro y discípulo pasaron la noche en aquella casa, pero antes del amanecer el maestro se levantó y degolló a la pobre vaca. «¿Qué has hecho maestro? ¿Cómo has podido dejar a esta familia en la ruina total y sin la única posesión que tenían?», preguntó el joven.

Un año más tarde, los dos hombres volvieron a aquel pueblo para ver qué había ocurrido con la familia. Buscaron en vano la humilde vivienda, porque donde antes se encontraba la ruinosa casucha ahora se levantaba una casa grande y suntuosa. Y ante su sorpresa vieron salir de la casona al mismo hombre que un año antes les había dado posada. Su aspecto era impecable.

Le saludaron y el hombre -que ignoraba que el maestro y el joven eran los responsables de la muerte de la vaca- les contó que algún maleante había degollado al animal, y que para no morirse de hambre se habían puesto a sembrar. Decidimos limpiar la parte de atrás de la casucha -les dijo- y allí sembramos hortalizas y legumbres. Como la improvisada granja producía más de lo que necesitábamos para nuestro sustento, comenzamos a vender vegetales a los vecinos, y con esa ganancia compramos más semillas.

El joven, que escuchaba atónito la increíble historia, entendió finalmente la lección que su maestro quería enseñarle. La vaca simboliza todo aquello que nos mantiene atados a la mediocridad. Las vacas más comunes son las excusas, que sirven para eludir nuestras responsabilidades y para justificar nuestra acomodada posición buscando culpables fuera de nosotros.

Moraleja: ¿Será que al final de la pandemia del COVID-19 estará muerta nuestra VACA? Ojalá y sí, porque: “Una excusa es peor 
y más terrible que una mentira”.

El verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, como muchos pensamos, sino el conformismo y la mediocridad. Todos cargamos con más vacas de las que estamos dispuestos a admitir. Los seres humanos somos expertos en crear pretextos. Somos capaces de crear mil y una excusas con el mero fin de justificarnos para mantenernos en nuestra zona de confort, donde sabemos lo que tenemos; pero jamás sabremos lo que podríamos llegar a tener. Y es que las excusas son pequeñas ladronas de oportunidades. Pero lo más decepcionante es que la mayoría de esas excusas, con las que pretendemos explicar por qué no hemos hecho lo que sabemos que tenemos que hacer, ni nosotros mismos las creemos.

Las excusas nos “protegen” del fracaso. Hacen que nos preparemos a nosotros mismos, que no intentemos algo “por si sale mal”. Y lo que hacemos en realidad es no intentarlo, y así privarnos de la posibilidad de tener éxito; además de la generación de nuevas experiencias que siempre nos enseñarán algo.

Una vez hemos convertido nuestras acciones en hábitos y, por lo tanto, en rutinas, es posible que nos estén privando de lo que más queremos. Las excusas siempre están más cerca del engaño que del razonamiento. Existen infinitos pretextos para no llevar a cabo alguna acción que, en principio, sí queremos llevar al cabo.

Por ello los seres humanos buscamos el autoconvencernos de las excusas que nos “permitan” no realizar la tarea que sabemos hay que ejecutar “sin sentirnos mal”. El problema de ese “no sentirnos mal” es que es momentáneo. Porque, en el fondo, sabemos que esas excusas son mentiras que nos contamos, y una vez volvemos a la consciencia de nuestros objetivos se produce un efecto rebote que hace que no sólo nos sintamos mal, sino que comencemos a maltratarnos psicológicamente por haber hecho tal cosa, lo que nos lleva a que nos quedamos paralizados sin llevar al cabo la acción.

Andrés Herrera
Andrés Herrera

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